A mi padre

El otro día volvía de ver a la niña y recordé nuestras charlas, nuestros debates, no sé porqué, quizá fué la puñetera canción del Dani Martin que ponían en la radio, y que habla de alguién que ya no está, pero el caso es que me viniste a la cabeza, y no pude evitar tener que tragarme unas lagrimas.

Ni siquiera es tu aniversario, ni falta que hace para recordarte, a veces me pregunto si efectivamente habrá algo al otro lado y estarás allí viendo todo lo que sucede por aquí, pero lo que sí que sé, es que aquí se te extraña y mucho.

Tu nieta ha tomado nuestra mesa del bar, la mesa de las charlas, de los debates y los cafés, como suya propía, no son pocas las ocasiones que me pide volver allí, nos sentamos, se toma un cola-cao y yo un café, y charlamos, o vemos los videos musicales, o hace los deberes, pero principalmente te recordamos, ella ha empezado una tradición en honor a su Yayo, y es algo que me llena.

Me está costando muchisimo escribirte este Post y no es que no quiera, es que se me hace un nudo en la garganta cada vez que empiezo y he, de nuevo, de tragarme las lagrimas al recordarte.

Eras una persona increible, para algunos dificil de entender, eres quien me enseñó desde niño a luchar, no con palabras sino con actos, con hechos, con la lucha diaría. Me enseñaste a hacer el bíen sin esperar recibir nada a cambio, sino simplemente por el hecho de que eso era lo que había que hacer, me enseñaste a discutir y defender mis ídeas, pero a no ser intolerante e inamovible y aceptar que yo podía estar equivocado.

Fuiste de esas personas que algunos llaman tonto porque ibas sin maldad, y algunas veces te la metían, pero mira, viviste según tus creencias y moriste según ellas, y en tu muerte te acompañaron cientos y no ví ni a uno solo que estuviese allí por compromiso.

Acompañarte en tu lecho ha sido el más duro de los actos que me han tocado vivir en esta vida, ya va para dos años y sigo sin poder evitar la congoja, fueron días agonicos, donde el hombre más importante de mi vida, agonizaba ante mis ojos, en su ultima batalla, perdida sin remisión y aún así insistias en seguir luchando hasta el final, el Cancer se te había comido el Higado y buena parte de tus pulmones y ahí seguías, tumbado, sin poder hablar casi, pero consciente, lucido, aun recuerdo la llamada de tu hija pequeña, la que aún seguía en nuestra tierra, cuando le dije que agonizabas, y que debía venir cuanto antes. Recuerdo como pidió que te pasase el teléfono y recuerdo como te decía, ella, la que siempre protegía sus sentimientos, la que no mostraba facilmente sus emociones, “Papa no te mueras hasta que llegue me oyes? que te quiero mucho!” y tú le respondiste, no sé de donde sacaste las fuerzas, con un potente “vale”.

Y aguantaste, aguantaste ese día y dos más, que permanecimos tus hijos a tu lado, acompañandote hasta el final hasta que al final, un triste Mayo exhalaste tu ultimo suspiro y te fuiste sin más, tranquilo y en calma, y yo no pudiendo aguantar más, tuve que salir al pasillo intentando llorar  y sin poder hacerlo porque me enseñaron que los hombres no lloran, aunque el corazón tengan destrozado.

Desde niño fuiste mi ejemplo a seguir, solo espero llegar a ser un tercio de lo que tú fuiste, y ese día no perdí a un Padre, perdí a un amigo y a un confidente, y posiblemente, a la única persona que era capaz de entenderme casi al 100%, recuerdo el día que tu hijo murió, y tú fuiste el soporte de todos, esa fué la última vez que lloré hasta el agotamiento, recuerdo que Madre jamás se recuperó de aquello y las veces que impedimos que siguiese a mi hermano, te recuerdo toda la vida luchando.

Recuerdo el día que en la fabrica, me salvaste de acabar cortado en rodajas, por las planchas de acero apiladas para montaje cuando tropecé, si no me hubieses cogido, ahora no estaría escribiendo esto; de tu accidente, aquel Sabado que como de costumbre te acompañé a la Fabrica, a realizar las pruebas de laboratorio sobre los transformadores, me encantaba pasear por ahí, ver las gigantescas bobinas, como te movias entre aparatos de miles de voltios como quien pasea por un campo de olivos, pero ese día pulsaste el botón equivocado y al ir a leer las lecturas, las luces se apagaron y todo quedó a oscuras menos aquella llama que subía al fondo, mientras gritabas “apagalo apagalo”, corrí a por tí en la oscuridad y ahí estabas en píe, luchando, manteniendo la calma, mientras unas llamas ardian en tu hombro y me pedías que te quitase la camisa, porque tú no podías. 60.000 voltios no pudieron contigo, pero te quemaron las manos hasta el hueso, y aún así en la ambulancia camino cruces, bromeabas diciendo, “que enfermera más guapa oye!” y ya en la uci decias… “tranquilos que de esta no me muero”

Pocos te han visto sufrir como yo te he visto, o han entendido tu forma de sufrir, no sabes porque jamás te lo dije, lo culpable que me sentí, cuando habiendo tú venido a Madrid a mediar en mi separación, Mama aprovechó para quitarse la vida mientras tú volvias en el tren para allá. Otra vez fuí yo el que corrió a tu lado, me salté todas las normas y reglas aquella noche, y solo yo te ví por primera y única vez en tu vida flaquear, llorar, y perder las fuerzas, pero como siempre te repusiste en un minuto y seguiste luchando. Yo sólo ví la sangre en el baño, por las paredes, aquello parecía sacado de una mala peli de terror, el cuerpo de Madre ya no estaba, pero fué suficiente para hacerme comprender lo que tuviste que encontrarte tú.

No puedo ni seguir, llevo todo el día para escribir esto, intento tragar esas lagrimas que aunque no salen, saltan molestas a mis ojos simplemente para hacerme saber que la congoja no te abandona y que aunque no pueda expulsarlas, ellas están ahí, guardadas en mi interior en un grito que jamás daré.

Aquí todo ha cambiado mucho, pero ahora no es tiempo de hablar de eso, y además seguro que ya lo ves desde donde estes, yo tan solo te diré que juré cuidar de la familia y lo haré, no porque lo jurase, sino porque es mi familia, así que tú no te preocupes, luchaste toda tu vida por tu familia e hijos, ahora es tu tiempo de descansar, y mi tiempo de luchar.

Te escribo esto ahora, despues de casi dos años, porque te lo debía, porque siempre he querido contartelo, porque no pude soltarlo en su momento y aún ahora me cuesta una eternidad hacerlo, porque hay momentos en que me gustaría que estuvieses a mi lado como antaño, para que discutiesemos hasta el amanecer sobre la vida, sobre la politica, sobre la familia, porque hay veces que me siento perdido y necesito de tu consejo, y recuerdo nuestros cafés, en el que era nuestro bar, porque te mereces saber, que nunca me he sentido más orgulloso de alguién como de tí. Y que te extraño enormemente.

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